A más de cien años de su nacimiento, el 13 de junio de 1888, el pensamiento del escritor portugués Fernando Pessoa, tan alabado por el reciente fallecido Premio Nobel José Saramago, sigue latente en la literatura de uno de sus discípulos más fieles: el italiano Antonio Tabucchi. Y resulta tan actual, que hasta parece yacer por debajo de la masividad juvenil en internet.
El escritor nacido en la región Toscana levantó el guante en una posta que ni siquiera tuvo enlace temporal palpable: Tabucchi respiró por primera vez ocho años después del último suspiro del portugués. Pero en ambos intelectuales tiempo y persona parecen tener la capacidad de la volatilidad, la facilidad del desvanecimiento. Esto es lo que los posiciona como eslabones de una misma cadena, que pareciera tener correlato en los adolescentes de hoy en día.
En sus novelas, Antonio pone en práctica la metedología pessoana de la exterorización de personalidades, lo que se conoce como la creación de heterónimos. El doctor en letras Daniel Alejandro Capano declara en su trabajo sobre Tabucchi El errático juego de la imaginación: “(…) son ‘seres hombres’, ‘duplicados del yo’, alter ego del escritor. Sus presencias se encuentran en dos planos de la creación literaria: el plano correspondiente al ejercicio de la escritura, son seudónimos del autor; y el plano ficcional, pues son seres imaginarios, que poseen vida propia. Cada heterónimo presenta a un hombre diferente, y cada porta es un caso particular, por medio del cual Pessoa se despersonaliza”. Más coloquial aún, son personas o personajes -eso depende de la creencia de cada lector- que escriben en primera persona y hasta tienen biografías, pero que nacieron todos de la pluma del lusitano. Uno de sus trabajos más famosos, Libro del desasosiego, publicado luego de su muerte, fue escrito por uno de estos reveses: Bernardo Soares.
Si bien Tabucchi nunca llevó el desafío del barrido de la identidad tan lejos -al punto de no figurar como autor de lo escrito-, sí lo hicieron sus personajes. Uno de ellos es el protagonista de Tristano muere, una de sus obras más reconocidas. Este personaje declara sin tapujos al periodista que se acercó a su lecho de muerte para escribir sobre su vida: “Has tomado la misma decisión que Tristano, por eso entraste bien bajo su piel, pero qué poder de mímesis, pareces el mismo Tristano, en mi opinión, Tristano eres tú, no sé por qué estoy aquí hablándote de él, Tristano eres tú, has escrito en tu relato exactamente lo que él hizo, eres tú quien padeciste su dilema, lo sufriste en primera persona (…)”. El vaivén acontecido provoca el mareo de la identidad, la primero persona se entrelaza con la segunda y esfuma los límites de la compresión unilateral. Ante ello el lector debe tomar una decisión o soportar la incertidumbre.
Es tal la admiración que siente el italiano por Fernando Pessoa y la obsesión que le provocó su metodología del anonimato -que ya logró varios méritos para entenderse como propia también-, que hasta publicó un libro en el que al portugués dialoga con sus otros “yoes”: Los tres últimos días de Fernando Pessoa (un delirio). Sin embargo, hasta este punto se percibe una diferencia abismal entre ambos, y es que mientras el lusitano convive entre el plano real y el ficcional (ya que es tanto escritor como protagonista de obras), el italiano parece descansar sólo en el que se pretende como verdad. Pero con estos dos escritores el ser y el parecer lejos están de la equiparación. Una vez más, la ambigüedad a la orden del día.
Si se hace foco en las obras de Antonio Tabucchi, la aseveración anterior se derrumba por insegura, por indefinible, así como sucede en ambos escritores con la primera persona. En una de sus obras más recomendables, El juego del revés, su heroína María do Carmo es según la titular de la cátedra de Literatura Italiana de la Universidad de Buenos Aires, María Esther Badín, “indudablemente, un desdoblamiento del propio Tabucchi que le permite hablar de Pessoa, de su mundo, y reflexionar acerca de él y de sus teorías.” Ficción y realidad vuelven a fusionarse. La despersonalización queda asentada, Antonio Tabucchi instala la indefinición en el centro de su literatura. De hecho, uno de los heterónimos de su apreciado portugués, Álvaro de Campos, se animó a declarar una vez: “Fernando Pessoa, propiamente dicho, no existe”. La igualdad de planos ficticio y certero va secundada por esta equiparación de identidades que no consigue más que reforzar la incapacidad de encerrar en una forma delimitable e inteligible al “yo”. Si en cada creación hay cierta despersonalización, la heteronimia y los reveses conllevan a la indistinción, al anonimato.
Fernando Pessoa recomendaba “desasosegar siempre” y hasta se animó a admitir: “No saber de uno, eso es vivir”. Por su lado, Antonio Tabucchi declaró en una entrevista: “Cada uno de nosotros somos muchos”. Ya no restan dudas, quedan todas plasmadas. Y es que tanto el italiano como el portugués confían más en la literatura que se plantea interrogantes que en aquella que se propone establecer definiciones. La falta de claridad es tal, que el revés perdió su condición de contracara y puede postularse tanto como la original. Realidad o verdad, literatura o ficción.
Daniel Alejandro Capano es Doctor en Letras y se especializa en literatura italiana. Ejerce como docente investigador en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, en la Universidad del Salvador y en la Universidad Católica. Es miembro fundador y vicepresidente del Centro de Estudios de Narratología y miembro asesor del Doctorado en Letras (USAL). Publicó un centenar de artículos y ensayos en revistas especializadas tanto nacionales como internacionales, entre ellos un estudio sobre la poética de Antonio Tabucchi titulado El errático juego de la imaginación. Su última publicación data del año pasado: Constelaciones Textuales. Escritos de Literatura Comparada (Italianística).
-¿Qué parte le atrajo de su poética que logró le dedicara un libro?
-El juego que establece con la ficción. La capacidad para narrar historias en las que en su estructura profunda subyacen cuestiones filosóficas, literarias, socio-políticas y hasta de física cuántica. Tales problemáticas, que en las disciplinas citadas pueden resultar engorrosas de entender, Tabucchi las presenta con artilugios literarios, como si se tratase de un juego, con un entramado y un estilo originales. Logra, como enseña Calvino, acercar de forma amena problemas complejos al lector no especializado. Por cierto, que éste nunca cumple un rol pasivo, sino que debe mantener durante la lectura una actitud activa, El novelista llama al lector “escritor pasivo”, ya que coopera con él en la producción de significados. Para el escritor italiano la literatura no ofrece soluciones, no da respuestas, sino que presenta interrogantes.
-En su obra El errático juego de la imaginación, Usted declara en alusión a la relación del italiano con Fernando Pessoa: “Respecto de Tabucchi, el escritor italiano se transforma casi en un heterónimo más, cuya voz particular reproduce la del ortónimo dentro de la amplia galaxia de ‘autores de ficción’ creados por el poeta”. ¿Podría explicar esta idea?
-Fernando Pessoa es un referente constante en la obra de Antonio Tabucchi. Admira de él la forma de construir un universo literario ideando heterónimos como Álvaro de Campos, Ricardo Reis, Alberto Caeiro y otros, que en lugar de ser simples seudónimos del propio Pessoa, ortónimo, son seres a los que el escritor lusitano les inventa una vida. Cada uno de estos heterónimos con los cuales firma sus poesías el autor del Libro del desasosiego tiene su propia personalidad y modalidad de escritura. Es decir que Pessoa crea a través de ellos multiplicidad de personalidades, varios “yoes” que lo habitan, que es un tema constante en ambos escritores. Tan consustanciado se encuentra Tabucchi con Pessoa (“Siento un enorme afecto por Pessoa, pero quisiera que me dejase en paz”, declaró en una entrevista) que quien profundiza en su obra tiene la sensación de que el italiano es un heterónimo más de los muchos creados por el poeta. Por supuesto, en sentido metafórico.
-Tabucchi trabaja en sus obras la incapacidad de delimitar con nitidez los bordes de la identidad del “yo”. ¿Considera Usted que esto es una convicción o una imposibilidad?
-Tabucchi es un escritor consustanciado con su tiempo. Desde comienzos del siglo XX, en gran parte debido a las teoría psicoanalítica de Freud y la de la relatividad de Einstein, el hombre toma conciencia de la fragmentación de la conciencia, del yo, cuestión que sigue resonando a más de una centuria de que fuera planteada y que resulta un rico material de construcción de ficciones. Considero que en sus narraciones el escritor se propone presentar ese tema acuciante de la división del yo. También lo había trabajado Calvino, claro que desde otra perspectiva y con una técnica diferente. No creo que se trate de una imposibilidad, sino más bien de una intención de mostrar una encrucijada del hombre actual.
-El escritor italiano es un obsesivo del portugués Pessoa y el recientemente fallecido José Saramago también admiraba al lusitano ¿Encuentra Usted vínculos entre estos dos?
-La relación entre Tabucchi y Saramago no fue del todo cordial. Sucede que muchas veces investigamos o escribimos sobre temas que interesan también a otros. Esto fue lo que sucedió entre los dos escritores y que en mi libro denomino “La cuestión Saramago”.En 1984, Saramago publicó El año de la muerte de Ricardo Reis, una ficción sobre el heterónimo pessoano. Este texto tiene puntos de contacto, cierta similitud en el tratamiento con algunos textos que escribirá Tabucchi, como por ejemplo Réquiem. Saramago en Cuadernos de Lanzarote alude a esta cuestión. Interpretó como hostiles algunas respuestas que el escritor italiano dio sobre su obra en diferentes reportajes. Pero, más allá de las pequeñas rencillas y de las vanidades literarias, la recurrencia a una misma temática y a un mismo autor pone en evidencia la relevancia que tiene Pessoa en nuestra época.
-¿Qué piensa sobre la relación actual de la juventud y la literatura? -Respecto de esta inquietud voy a establecer dos grupos de jóvenes que se relación en forma diferente con lo literario, ya que sería injusto involucrarlos a todos en una misma opinión. Existe un grupo, más general, que ha sido ganado por el mundo icónico en el que estamos sumidos, que se resisten a la lectura o que leen únicamente aquello que les resulta “light”, que se relaciona sin demasiadas complicaciones con la realidad, tratada de forma ligera, o cuestiones que ofrecen soluciones rápidas y fáciles a situaciones difíciles. Hay otro grupo, más reducido, que se interesa por la literatura actual, aparecida en diferentes soportes como pantallas, sitios de Internet, blognovelas, etc., que es entusiasta y busca la novedad, pero que descuida la lectura de los clásicos o de libros del pasado reciente porque están urgidos por lo cotidiano. Sin embargo, muchas veces, los docentes vemos con sorpresas que cuando logran interesarse por textos considerados canónicos los comentan con entusiasmo y demuestran que los disfrutan.
Internet se inmiscuye en todos los aspectos de la vida cotidiana. Redes sociales, microbloggings y sitios web achican distancias, equiparan espacios, pero alejan el contacto corporal. La despersonalización se bifurca y entromete por doquier. Las charlas de café parecen haber sido reemplazadas por caracteres en el MSN, el “vení así te muestro las fotos del viaje” pasó a “las subí en facebook”. No es seguro si estamos más cerca o más lejos. Dentro de toda esta movida provocada por el suceso de la web irrumpe la ficción, la despersonalización, la imitación. Entonces, parece sonar aquí también la voz de Antonio Tabucchi. Es que hoy en día los adolescentes tienen la libertad de dejar a un lado su identidad, aquella otorgada por sus padres, para mostrarse como un otro. La licenciada en Psicología especializada en niños y adolescentes Paula Martínez reconoce al respecto: “La adolescencia es un período de descubrimiento personal y de establecimiento de una identidad, lo cual implica alcanzar un ‘yo’ estable. El joven intenta separarse de los lazos de dependencia infantiles, y en este proceso, el grupo de pares cumple un rol fundamental, dado que sustituye a la familia del adolescente y permite las identificaciones y los ensayos de diversos roles.” En fotologs los chicos eligen nombrarse de maneras disímiles y comenzar a ser reconocidos por nuevas características, esas que no los identifican en la vida por fuera de la computadora. Continúa Martínez respecto de la relación con internet: “Este no especificar nombre alguno o renombrarse con nicks que en nada se parecen a los nombres propios podría pensarse como parte del rechazo característico de esta etapa hacia todo lo que implica una dependencia de los padres, y a su vez, como un empeño por lograr una definición más adecuada a uno mismo. Por otro lado, los cambios corporales de esta etapa traen aparejada una gran preocupación por los aspectos físicos del ‘yo’, y dado que por lo general la imagen del espejo no coincide con la deseada, la web sirve de ocultamiento para poder relacionarse o crear distintas personalidades y cambios de identidad. Podría pensarse que a través de estas distintas personalidades creadas por los adolescentes, ellos pueden plasmar diversas fantasías, provenientes de los deseos infantiles que ya no admiten seriamente realización alguna. Inconformismo, ganas de cambiar, escapar o pura ilusión. Sea lo que sea, los adolescentes eligen no ser más los mismos que los ojos de sus padres reconocen. Parece realidad aquella ficción planteada por uno de los maestros de la literatura italiana, Luigi Pirandello: somos Uno, ninguno, cien mil.
"Si nuestra vida pudiera ser un eterno pasar, si pudiésemos quedarnos así, como un humo sosegado, siempre siempre al mismo momento del atardecer que lamenta la curva de las montañas. Si se pudiera ser siempre así con el tiempo. Si por lo menos desde este lado de la imposibilidad, fuera posible permanecer así, sin que nuestos labios pálidos pecaran con más palabras. Mira cómo está oscureciendo... La quietud de todo lo positivo me llena de ira o rabia, algo amargo al gusto y al olfato. Me duele el alma. Un hilo de humo se levanta lentamente y se dispersa en la distancia. Un inquieto aburrimiento que me hace no pensar más en ti. Todo es tan superfluo. No es el mundo, es el misterio de los dos."
El escritor, dramaturgo y poeta portugés, murió el 18 de junio en su casa de Lanzarote, España. Luego de luchar por mucho tiempo con una seria afección respiratoria, falleció a los 87 años junto a su esposa, la periodista Pilar del Río.
“Quiero hacer hoy buen uso del corazón que tengo, acepto y quiero que tu poder se amplíe a todos los extremos de la tierra, sin que tenga que morir tanta gente, y puesto que de todo aquello que te desobedece y niega dices tú que es fruto del Mal que yo soy y gobierno en el mundo, mi propuesta es que vuelvas a recibirme en tu cielo, perdonado de los males pasados por los que en el futuro no tendré que cometer, que aceptes y guardes mi obediencia, como en los tiempos felices en que fui uno de tus ángeles predilectos, Lucifer me llamabas, el que lleva la luz, antes de que una ambición de ser igual a ti me devorase el alma y me hiciera rebelarme contra tu autoridad, Y por qué voy a recibirte y perdonarte, dime, Porque si lo haces, si usas conmigo, ahora, de aquel mismo perdón que en el futuro prometerás tan fácilmente a derecha e izquierda, entonces se acaba aquí hoy el Mal, tu hijo no tendrá que morir, y tu reino será, no sólo esta tierra de hebreos, sino el mundo entero, conocido y por conocer, y, más que el mundo, el universo, por todas partes el Bien gobernará y yo cantaré, en la última y humilde fila de los ángeles que permanecieron fieles, más fiel que todos porque estoy arrepentido, yo cantaré tus loores, todo terminará como si no hubiese sido, todo empezará a ser como si de esa manera debiera ser siempre (…)No me aceptas, no me perdonas, No te acepto, no te perdono, te quiero como eres y, de ser posible, todavía peor de lo que eres ahora, Por qué, Porque este Bien que yo soy no existiría sin ese Mal que tú eres, un Bien que tuviese que existir sin ti sería inconcebible, hasta el punto de que ni yo puedo imaginarlo, en fin, que si tú acabas, yo acabo, para que yo sea el Bien, es necesario que tú sigas siendo el Mal, si el Diablo no vive como Diablo, Dios no vive como Dios.”
Este es solo un pequeño fragmento de una larga conversación que Dios -personificado como un judío rico- Jesús y el Diablo –un pastor humilde- tienen sentados en una barca en medio de un lago. El diálogo en sí forma parte de uno de los libros más controversiales que José Saramago publicó en su extensa carrera literaria: El evangelio según Jesucristo. En él da cuenta de los orígenes de la Iglesia Católica y su máximo exponente, Jesús, pero con una visión realista y humanista. El salvador como un hombre de carne y hueso. Con virtudes y falencias. Un mártir sin elección, llevado a la cruz por su propio padre. Un dios intransigente, elitista, de mentalidad fría y calculadora. Y el Diablo, dibujado como un ser introspectivo, sincero y leal. Ofreciéndole a un Dios bélico y sangriento la posibilidad de perdonar al Hombre y vivir en una era de paz y armonía. Y por supuesto, Dios lo rechaza. Prefiere la tortura y muerte de su único hijo, las guerras “santas” que durante milenios marcaran la vida y muerte de todo aquel que reside en el planeta. Todo por un orgullo demasiado humano para ser divino.
José de Sousa Saramago nació en Portugal en 1922. Su vida estuvo marcada por distintos oficios literarios, ya sea como escritor, novelista, dramaturgo, periodista o poeta. Fuertemente involucrado en la política, fue miembro del Partido Comunista Portugués desde 1969 hasta el día de su muerte, el 16 de junio pasado. En 1998 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura, luego de haber publicado libros de poesía, cuentos cortos y novelas de gran importancia como Memorial del convento, El año de la muerte de Ricardo Reis, La balsa de piedra, El Evangelio según Jesucristo y Ensayo sobre la ceguera.
En cada una de sus obras, Saramago parte de una premisa imaginaria. Un “qué pasaría si…”: la península ibérica se desprendiese del resto de Europa y vagara sin rumbo por el Atlántico; si en una elección presidencial, el 100% de la población decidiese votar en blanco si antes ponerse de acuerdo; un día la gran mayoría de los habitantes de una ciudad ficticia quedan condenados a una epidemia de ceguera blanca; si de improviso, la muerte dejara de existir en un país imaginario.
A Flor Máis Grande do Mondo: relato escrito y narrado por José Saramago
Si bien José Saramago fue un ateo confeso y orgulloso, la temática en varias de sus obras analiza desde un punto de vista divergente las enseñanzas y creencias de distintas instituciones religiosas. Su última obra fue “Caín”, publicada durante el 2009. En ella parte de parábolas bíblicas mundialmente conocidas, como la historia de los hermanos Caín y Abel, tomando al primero como el héroe –o antihéroe de acuerdo al punto de vista del lector- de una narración que lo lleva a distintos puntos claves del viejo testamento.
El mes pasado, la literatura mundial del siglo XX perdió a uno de sus mayores exponentes. Más allá de los premios que ha ganado, el respeto global que Saramago despertó durante su carrera es el mejor galardón. Un autor controversial, pero que supo despertar admiración tanto en ateos como creyentes.
La vigésima edición de la feria del Libro Infantil se llevará a cabo a partir del 12 al 31 de julio en el centro de exposiciones de la ciudad de Buenos Aires. Éste nueva edición tiene como lema: “Encantado de leer”, como un encuentro íntimo entre el libro y el lector que lo lleva a disfrutar de lo que lee. Pero… ¿hace cuanto tiempo se considera la literatura infantil tan importante como otros géneros?
La literatura infantil es tan o más compleja que cualquier otro género. A través de la historia se han suscitado varias discusiones acerca de cómo escribir apropiadamente para niños. Es un espacio en donde la ideología está presente, esto no es algo negativo. Aquí, los niños son tan lectores como los adultos, y tener dudas acerca de sus capacidades de interpretación o temer sobre las repercusiones que cualquier obra puede conseguir es subestimarlos. (Ver trabajo relacionado con la ideología en la literatura infantil) El género en cuestión ha sido minimizado por mucho tiempo. Pocos escritores se aventuraron a dirigir sus obras hacia los niños antes del siglo XVIII. La literatura en general estaba dirigida hacia adultos. Sin embargo, cuando los escritores descubrieron que escribir para niños podía ser interesante, no dudaron en hacerlo. Con eso sobrevino la discusión acerca de qué era lo convenientes y qué no, cuales eran los límites a la hora de escribir y cuáles eran las consecuencias en la formación del infante. Para fines del siglo XIX y mediados del siglo XX, ya existían varios estudios y opiniones de filósofos, sociólogos y pedagogos, los cuales coincidían en que había que tener mayor cuidado al dirigirse a un público infantil. Surgió entonces la rivalidad entre los defensores de la fantasía y los defensores de la realidad. A la primera se la acusaba de mentirosa, peligrosa e inútil para la formación del niño. Entonces proponían relatos más realistas pero dulcificados, o como dice la escritora argentina Graciela Montes: “Cuentos disfrazados por lo tanto de realistas, en los que, sin embargo, por arte del birlibirloque, la realidad era despojada de un plumazo de todo lo denso, matizado, dramático, contradictorio, absurdo, doloroso. De todo lo que podía hacer brotar dudas y cuestionamientos. Así despojada, lijada, recortada y cubierta con una mano de pintura brillante era ofrecida como la realidad, y el cuento, como cuento realista”
Estaba instalada la discusión y al mismo tiempo la contradicción. Según los estudiosos de aquellos tiempos, era tan peligrosa la fantasía sin límites como la realidad sin matices. Antes de mediados del siglo XX, eran tiempos en donde parecía que el único propósito de la literatura era educar, que siempre había que dejar un mensaje positivo, y que el exceso de fantasía, de irracionalidad en los cuentos y demás obras era perjudicial. Los textos eran dirigidos a un público estereotipado, al niño que debía formar parte responsable del modelo social vigente, quedando afuera intereses ajenos a la educación formal, como lo es el simple disfrute. El escritor, periodista y pedagogo italiano Gianni Rodari desmitifica que la realidad mezclada con toques de fantasía puede interferir directamente en los niños con la siguiente frase: “El niño recorta de los acontecimientos del mundo adulto, sus propios espacios, la expansión planetaria de la raza blanca, la conquista del oeste americano, la fundación de los imperios coloniales europeos en Asia y África, se convierten para él en materia prima de aventuras exóticas. No advierte que a través de esos libros pasa la ideología de la raza que se cree destinada al dominio del mundo, que les impregnan los enfrentamientos entre las potencias coloniales, que sostienen siglos de sufrimiento para millones de hombres; le es suficiente con identificar unos espacios elegidos por la fantasía (…) para su necesidad de obstáculos y triunfos”.
Actualmente, el sector literario que se dirige a los niños tiene cuidado sobre lo que plasma en el papel, ya que los menores son personas en formación. Pero no basa sus escritos puramente en educar, sino más bien en llegar al lector desde la aventura, la magia y los sueños que generan sensación de placer, las ganas de seguir leyendo, mostrando una realidad con mensajes menos explícitos, pero no por eso omitidos o ajenos a la realidad. Aún cuando exista una única intención de influir, en donde se deja de lado aspectos importantes de la escritura como la creación misma de la historia sin ningún otro propósito, será el lector (y en este caso los niños) quien sabrá escoger libremente qué leer, absorbiendo lo que le resulta útil (ya sea para su formación o para el simple disfrute) y desechando lo que no. Son los niños quienes tienen el poder de decisión.
El ganador del Premio Clarín de Novela 2009, el escritor Federico Jeanmaire, habla de sus libros y de sus costumbres a la hora de escribir. Además, asegura que el momento que vive ahora se parece mucho a lo que siempre soñó.
Por María Eugenia Belich
Gentileza Clarín
Federico Jeanmaire escribe en “el lugar más cómo de la casa” , un rincón donde yace un antiguo escritorio parecido al que tenía su abuelo y una silla hamaca que con su balanceo atrae las ideas cuando estas quieren alejarse de su mente. En las paredes de ese pequeño oasis que inspira al escritor, además de numerosos estantes que contienen a sus libros más queridos, reposan algunas fotos especiales para él, como las de su hijo o la de la mujer que más quiso en el mundo, aquella tía paterna que una lejana tarde en Madrid le dijo que se dedicara a otra cosa, que la escritura no era lo suyo, que eso se lo dejara a otros.
“En ningún momento me largué a llorar, o se me pasó por la cabeza hacerle caso y no escribir. Todo lo contrario, el día que me dijo eso salí de verla convencido de que iba a ser escritor”, recuerda el autor argentino, de 52 años, que cuenta con 16 libros publicados, entre los que se encuentra Más liviano que el aire, la obra que ganó el Premio Clarín de Novela 2009 y que se encuentra entre los títulos nacionales más vendidos en lo que va del año.
Durante su estadía en España, para poder subsistir Jeanmaire tocó la guitarra en los subtes, vendió artesanías y hasta llegó a tener una lechería con un amigo argentino. “Siempre tuve como objetivo trabajar lo menos posible para mantenerme y tender hacia el momento que vivo ahora, que se parece mucho a lo que siempre soñé”, explica el escritor que, desde hace unos años, se dedica pura y exclusivamente a lo que más ama en la tierra: escribir novelas.
Para Jeanmaire, la novelística es una escritura que, a diferencia del cuento, tiene que ver mucho más con el desarrollo de los personajes que con las ideas. “El cuento se hace primero en la cabeza y después se escribe, y eso es algo que nunca me pasó. En mi caso, el placer de escribir está puesto en que nunca sé lo que va a pasar y eso es lo que me divierte y lo que hace que la pase tan bien trabajando”, agrega.
Su obra puede dividirse en distintos grupos que siempre cuentan con una serie de tres novelas, las que responden a un mismo tema específico: “Tengo una colección que intenta dar respuestas a algunas cosas que nunca comprendí del todo de la cultura argentina, otra sobre los libros que quiero, después una que es autobiográfica, y ahora, con Más liviano que el aire, inicio una serie que tiene que ver con meterme de lleno en la realidad”.
-¿Por qué elige escribir de esa manera?
-Porque odio repetirme y no quiero hacer toda una obra parecida. Aunque el estilo se identifique en todos mis libros, me gusta ponerme en riesgo en cuanto a la búsqueda, la temática y el enfoque. Está bueno arriesgarse, no quedarse sentado en lo que ya conseguiste y salir en busca de algo que te complique por alguna razón.
-¿Cuándo llegan esas complicaciones?
-Casi siempre cuando cambia la serie tengo una crisis bastante fuerte, porque me meto a pensar hacia dónde quiero seguir. En esos momentos llegan a pasar un montón de meses en los que no puedo escribir, pero cuando estoy en medio de una serie no tengo ninguna complicación. Si sé lo que quiero hacer, nunca me falta material para escribir, porque si bien mi escritura es bastante meditada, es muy espontánea en cuanto al hacerse.
Este hombre de voz baja y mirada transparente es considerado uno de los autores argentinos más particulares de los últimos tiempos. “Cuando se habla de singularidad en lo que yo hago seguramente se está hablando de originalidad y estilo, porque estamos en un tiempo en el que se tiende a contar historias de manera correcta, que todos puedan leer, y la originalidad dejó de ser un valor”, argumenta el novelista.
No obstante, Jeanmaire quiere dejar en claro que esta singularidad que lo caracteriza no es invento suyo. “Todas mis formas literarias son apropiaciones de un montón de escritores, casi todos en lengua española, como [Domingo Faustino] Sarmiento, [Antonio] Di Benedetto y [Julio] Cortázar. A mí me gusta decir que trabajo con muchos amigos al lado, que son los que posibilitan eso que estoy haciendo”, indica el autor.
Jeanmaire ha recibido numerosas e importantes distinciones a lo largo de su vida, pero el Premio Clarín de Novelas es, hasta el momento, el más popular de todos. Sin embargo, asegura seguir siendo el mismo que hace dos años atrás, aunque ahora ocupe otro lugar en las librerías, un poco más cerquita de sus amigos, los mismos que lo acompañan cuando escribe sus novelas.
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