“El cine es negocio cuando es masivo, pero también es cultura”
Luis Vainikoff fue el encargado del Cine Cosmo 70 que hoy pertenece a la UBA. Él hablo para TEA On Line acerca de las circunstancias que le tocó enfrentar para mantener viva la creación de su padre.
Por: Lucía Marcolli
Sus ojos cansados se funden en el matiz de los colores que rellenan un espacio vacío y solitario. Luis Vainikoff se aferra a lo único que le quedó del Gran Cine Cosmo 70, el archivo. Después de luchar contra los altibajos económicos que se le presentaron durante los últimos años Luis afirmó que “el espacio físico paso a ser de la UBA, pero yo me sigo haciendo cargo de lo más valioso de nuestra historia, las cintas”.
Los ruidos de fondo, golpes de martillos y perforadoras demuestran el empeño por llegar al arreglo definitivo de las salas que vieron pasar a miles de fanáticos. “Acá nacieron historias, incentivos a la cultura y amistades que perduraron en el tiempo hasta estos días” afirmó Vainikoff.
El cine, ubicado en la Avenida Corrientes y Junín, abrió sus puertas en 1929 gracias al empresario Isaac Vainikoff. La particularidad es que allí se mostraron producciones internacionales, algo que para la década del 30’ revolucionó al público argentino. Pero también, los diferentes Gobiernos, produjeron la clausura y reapertura del espacio muchas veces, por lo cual la situación económica destruyó lo que podía quedar de él. Al describir su lucha durante los últimos años Luis dijo que “lo que sucede es que a la hora de equipar las salas el gobierno no te da un apoyo. Tampoco pido que exista un subsidio para cada uno porque sería imposible, pero por lo menos que nos dejen abastecernos con lo que necesitamos”. El objetivo de Luis era transmitir a las nuevas generaciones lo que su padre había hecho en su momento. “Desde que soy muy chico escucho hablar de la diversidad cultural, pero nadie tomo la iniciativa para que esto se concrete”. Durante algunos meses, antes de ceder el espacio dictó clases a muchos docentes para transmitirles la cultura de la cinematografía y así lograr que se empiece a dar mucha mas importancia a las producciones internacionales, como también nacionales. En este momento el futuro del Cine está en manos de los alumnos de la Universidad de Buenos Aires que utilizan el lugar, en su mayoría, para tomar clases relacionadas a su carrera. Luis trabaja para restaurar las cintas del gran archivo.
Fotógrafo, editor y docente, Daniel Merle considera que la fotografía, como técnica democrática, tiene que ser un medio para conocer todo, y no un fin en sí mismo.
Por Agustina Heb
A los 56 años, Daniel Merle se encuentra en el mejor estado de un fotógrafo: aquel que fotografía porque le gusta, por placer. “Llevo a todos lados mi cámara”, declara. Detrás de estas palabras se esconde un fotógrafo aficionado. Luego de transitar un extenso camino, decidió, hace 16 años, dejar paulatinamente de hacer fotos para dedicarse de lleno a la edición, trabajando en varios medios. Hace años, es el editor fotográfico de la revista La Nacióndonde, también, escribe notas relacionadas al acto de fotografiar, por medio de reportajes. Este trabajo lo combina con la docencia, al dictar talleres particulares de fotografía documental (PhotoDoc): “Educar se convirtió en mi segunda actividad, me entusiasma por igual…a veces más”, comenta fascinado y añade que hay dos cosas que la enseñanza le garantiza, tener que aprender constantemente y estar en contacto con el pensamiento de los jóvenes, sus “grandes inspiradores”. Actualmente, visitó PhotoEspaña 2010, en Madrid, un acontecimiento clave del fotoperiodismo, que comenzó el 9 de junio pasado y durará hasta el 25 de julio, y que reúne los trabajos de grandes profesionales.
- ¿Cambió el compromiso del fotodocumentalista en la actualidad?
- Sí, eso ha cambiado mucho porque el fotodocumentalista, en realidad, nació bajo la consigna de que era una persona que se ocupaba, principalmente, de retratar los grandes conflictos humanos, lo que estaba mal y había que reformar. Pero ahora, eso es sólo una parte de la fotografía documental que se hace, porque tiene que ver con la realidad, incluso a veces no tiene que ver con la realidad del contexto, sino la realidad psicológica de la gente.
- ¿En qué sentido realidad psicológica?
- Como la fotografía tiene un gran poder evocativo, hay corrientes de fotógrafos de autores que hacen trabajos más conceptuales, que no están fotografiando un hecho que sucede o un problema en particular, sino que retratan a veces con más libertad, cosas que tienen que ver con la sociedad pero que son un poco más indirectas o, a veces, tienen que ver con la intimidad, las relaciones personales, y no tanto con los grandes conflictos sociales.
En Tránsito. Una de las obras de Merle.
- Hace pocos días pudo disfrutar del evento que congrega a los aficionados de la fotografía, PhotoEspaña 2010, en Madrid, a la cual usted asistió en varias de sus ediciones. ¿Por qué cree que en Argentina, sobre todo en Buenos Aires, al ser una metrópoli, no ocurren acontecimientos donde se valore y se difunda esta disciplina? ¿Están fallando los medios?
- Con respecto a Buenos Aires, hay un enorme movimiento que tiene una difusión poco filtrada. Por otra parte, los medios fallan por todos lados. Pereciera que no aprecian el inmenso valor cultural de la fotografía, que se está instalando en el mercado del arte con mucho éxito, pero no como documento. La fotografía es como el agua: siempre se te escurre por algún lado, para el lado del bien o del mal, pero se te escurre.
- ¿Qué es fotografiar?
- El acto de fotografiar es seleccionar una porción de la realidad. Es saber ver.
- ¿Encuentra relación entre la fotografía y la palabra?
- Hay una gran relación porque la fotografía necesita siempre de la palabra, sobre todo la documental necesita un contexto de palabras. La fotografía es una técnica ambigüa: su gran virtud es la veracidad, la verosimilitud con el objeto fotografiado. Pero al mismo tiempo esa es la gran fuente de su ambigüedad: lo que para uno puede parecer sufrimiento, a otro le puede parecer diversión, entonces necesita de la palabra pa que, en muchos casos, diga lo que la fotografía no puede mostrar. Hay una frase que siempre cito, porque me impacta y es contradictoria, de Roland Barthes(sobre su trabajo La cámara lúcida): “La fotografía muestra mucho pero no dice nada”. Siempre he tenido la sensación de que es ambigüo.
Para mí, la fotografía te muestra cómo son las cosas pero el mensaje lo completa el espectador, no hay forma de que se complete a sí misma.
Vivir en la calle. Trabajo relacionado a la Crisis de 2001.
- En el momento de tomar la fotografía, ¿qué es lo primero que observa?
- En general, soy bastante compulsivo y espontáneo. Cuando uno toma una imagen, lo que fotografía se convierte en otra realidad, diferente a la que uno está presenciando.
- ¿Quiere decir que hay un antes y un después?
- Exacto. Hay dos definiciones muy lindas sobre esos momentos, y que siempre las tengo presentes: “Nunca hay que pensar en el momento de fotografiar, se piensa antes y se piensa después”; y la otra es de una gran fotógrafa vienesa que decía: “Cuando fotografío estoy haciendo una pregunta, y el resultado, a veces, es la respuesta”. Y yo siempre sigo ese pensamiento, debido a que cada vez que fotografío estoy preguntando algo o tratando de averiguar cómo es el mundo, las personas, los objetos que veo.
- Además de ser editor, usted es docente de un taller de fotografía documental. ¿Cuál fue el motivo de enseñarle a los demás el oficio de retratista de imágenes?
- Empecé en el ’95 con un amigo dando un taller. El después abandonó y yo seguí porque me parecía divertido, cada vez me gustaba más. Por un tiempo fui profesor de fotoperiodismo cuando existía la facultad FotoTEA; luego surgieron clases particulares, y así hasta el día de hoy. Educar me parece algo estraordinario porque te garantiza dos cosas. Una es tener que aprender constantemente y, la otra, estar en contacto con el pensamiento de los jóvenes, que me parece fantástico.
- Le da mucha importancia al rol de los jóvenes…
- Sí. Hay un escritor que decía que cuando era joven se acordaba de todo. Parece contradictorio, ¿no? Yo pienso que los adolescentes encierran -en su falta de experiencia, en su idealismo o cinismo, o en la hipocresía que puedan tener- todo el conocimiento, y uno lo único que puede hacer es facilitarle las cosas, y ellos las aprovechan, las transforman, y las crean en cosas nuevas y mejores. A mi me dan ganas de seguir viviendo, de crear, sacar
fotos, transmitir cosas, aprender de ellos, y así uno sigue creciendo. Son chicos inspiradores. Educar se convirtió en mi segunda actividad, me entusiasma por igual…a veces más.
Posando. Merle (centro) junto a sus alumnos.
- En este momento de su vida, ¿cómo se definiría?
- Hoy no me defino ni como un artista, ni como un fotoperiodista. Soy un fotógrafo aficionado, ocasional, que tuvo la fortuna de dedicarse a este oficio. Diría que estoy en el mejor estado de un fotógrafo, el que hace las cosas porque les gustan y no por otro condicionamiento. Tampoco espero encasillarme en esto, podría resultar peligroso, debido a que el fotógrafo es un tipo muy maníaco. Por lo general, el fotógrafo lee algo del género, habla de fotografía, ve fotografía. Esta técnica, al ser democrática, da la posibilidad de expresar y, por eso, tiene que ser un medio para conocer todo, y no un fin en sí mismo.
Su lugar de trabajo esta lleno de cartones, cajas de verdulería y botellas. Todos estos son los elementos con los que diseña y crea. Su nombre es Ángeles Estrada, tiene 29 años y es egresada de la carrera de Diseño Industrial en la UBA. Es la creadora de Masekos, un estudio que se dedica al eco diseño. En una entrevista exclusiva para TEA online nos cuenta si es el medio ambiente su prioridad o fue la casualidad que la llevo a esto.
Fotos: Juan Cruz Argañaraz
-¿Como empezó Masekos?
-Surge como respuesta a mi búsqueda profesional. Cuando termine la carrera me encontré frente a un universo repleto de objetos, objetos casi idénticos entre si y que no tenían mas finalidad que la de colaborar con un consumo sin sentido. Para qué seguir haciendo ceniceros, o floreros si ya habían millones. Quería que mis productos tuvieran un sentido y una razón de ser en este universo.
-¿Detener la contaminación ambiental que producen los residuos es uno de tus objetivos?
-Detener la contaminación ambiental es un objetivo, pero el objetivo mas importante es educar al consumidor y concientizarlo respecto a que su residuo contamina. La reutilización de residuos es una alternativa para la disminución del impacto ambiental, pero no es la solución. Debemos ser concientes que todo lo que tiramos tarda en desaparecer.
-¿Siempre te importó importó la ecología y el medio ambiente?
-No, no me importo siempre. Me empezó a importar cuando me di cuenta que a través de mi profesión podíamos hacer un cambio. Generar un cambio en la conducta cultural a través del diseño me pareció un desafío sumamente interesante.
-¿Que tu padre (Raúl Estrada Oyuela) se dedique a la protección del medio ambiente influyó en la elección de tu trabajo de hoy en día?
-Si seguramente. No soy del todo conciente cuanto afecto a mi decisión, pero estoy segura que el escucharlo hablar me hizo dar cuenta que era necesario tomar medidas para la disminución del impacto. No soy una ecologista… solo trato de hacer a través de mi trabajo un diseño responsable.
-¿Empezaste a trabajar en el asunto porque advertiste la imparable contaminación ambiental o porque querías simplemente divertirte?
-No me gustaba el camino de seguir produciendo sin sentido, quería generar productos que tuvieran una razón, que fuesen originales. Eso me llevó al tema de la contaminación y a divertirme también. Pero mi objetivo primordial no era la contaminación, era crear con alguna razón.
-¿Participas en alguna ONG que proteja el medio ambiente?
-No, no estoy afiliada a ninguna ONG. No soy una ambientalista, soy diseñadora.
-¿Además de la empresa realizas otras actividades para intentar reducir la contaminación ambiental?
-No realizo otras actividades pero si es parte de una elección de vida. Trato de ser lo más coherente en mi forma de vivir.
-¿Si tuvieras que abstraerte que dirías que primero vino la empresa y después el medio ambiente o que primero vino el medio ambiente y después la empresa? ¿Por qué?
-Primero vino mi profesión... después el por qué de mi profesión y el para qué.. por ultimo la empresa. El medio ambiente fue la forma que encontré de casualidad para orientar mi profesión. Fue este tema pero podría haber sido otro tema que me interesara también.
Angeles Estrada explica para TEAonline de que se trata su proyecto
Con una larga trayectoria en el mundo del espectáculo, confiesa que el ambiente del teatro es muy “ríspido” y habla de su relación con los grandes cómicos argentinos. Además, crítica los contenidos de la pantalla chica.
Por Lila Bendersky.
“Es increíble como la gente por la calle me saluda y recuerda con mucho cariños”, relata Guido Gorgatti. Con 90 años, filmó más de 40 avisos en la televisión, participó de ciclos emblemáticos como La Tuerca y Don Camilo y actúo en más de 25 películas. Este actor italiano, dueño de un carisma y una pasión arrolladora, es un contador innato de anécdotas. Tal es su verborragia, que no tiene problema para hablar de todo y de todos.
- En el libro Amanece en el espectáculo de Elsie Yankelevich hacés un repaso por los mejores momentos de tu carrera, ¿cuál es papel que recordás con más cariño? - Mi carrera estaba encaminada, cuando me llamó Germán Ziclis para hacer en el teatro Cómico "Canillita pero simpático". En el elenco estaban Juan Carlos Mareco, Miriam Sucre, entre otros. Ziclis quería que interpretara el papel que hacía en la obra "El novio de la Lucita": un hombre muy ingenuo cuya novia –Lucita- lo engañaba constantemente. En la primera función, el público aclamaba mi nombre para que dijese unas palabras. Esto puso muy celoso a Mareco quien era la estrella del espectáculo. Teníamos una relación muy cordial, pero había unos celos terribles. Yo era actor, él fue un gran animador, cantante, pero no actor. Mi personaje tuvo un éxito impresionante y eso causó mucha molestia en Juan Carlos. Incluso, una vez escuché que cuando salí hablar, él dijo: “¿qué está haciendo ese estúpido?”.
- ¿Cómo siguió la relación con Mareco? - Él disimulaba mucho lo que sentía. Tuvo un trato correcto conmigo. Cuando estuvo internado, lo fui a ver al geriátrico. Me impresionó mucho como estaba: disminuido, callado. Yo siempre le hacía chistes, le pregunté si se acordaba de mí de que habíamos trabajado juntos. Me dijo: “Usted, me esta engañando”. No lo podía creer.
-Compartiste elenco con otros artistas muy reconocidos como Alberto Olmedo , Jorge Porcel, Nini Marshall, ¿qué es lo que más rescatás de cada uno? - Nini era una gran persona, pero dejaba mucho que desear como actriz. Como comediante era fantástica. Olmedo era muy cordial, poco expresivo. Con Porcel, no éramos amigos pero nos hacíamos chistes cada vez que nos veíamos. Vivíamos en el mismo edificio, en la calle Posadas. Nos encontrábamos seguido. Cuando él se fue a Miami a poner un restaurant y un negocio de cosas argentinas, yo a veces lo visitaba. Nos llevamos muy bien.
- Hace poco declaraste que “la televisión de hoy me parece escatológica, salvo algunas excepciones”, ¿dónde ves esto reflejado? - Cuando yo hice “ ¿Será virgen mi marido?" me decían el “marrón de chico” porque puse algunas cosas subidas de tono para esa época. Ahora, eso es un cuento de hadas. Me parece que hoy es espantoso, abominable el contenido de los programas. Ya no hay excepciones. Lo que sucede, por ejemplo, con Zulma Lobato es inexplicable. No sé si es hombre mujer, no tiene gracia para nada: no baila, no canta.
- Zulma Lobato saltó a la fama en el programa “Hechos y protagonistas” de Anabella Ascar. El año pasado, fuiste entrevistado por la conductora, ¿cómo resultó esa experiencia? - Existe una falta de profesionalismo enorme en ese programa. Cuando concurrí, quería hablar con Anabella para ver cómo iba estar enfocada y ella me contestó “No, no, ahora no tengo tiempo”. Luego, lo primero que me pidió es que actúe de jubilado. Le contesté que yo así no podía. Para ser animadora hay que tener talento, ciencia, un conocimiento general de todo. Características que a ella le faltan. Me hacía preguntas que daban cuenta que no había un trabajo previo por parte de la conductora. Fui encausando el programa, llevando la charla aspectos más entretenidos. La emisión fue lo más visto del año pasado: 3.1 de rating. Repitieron tres veces la nota. - En diciembre cumple 91 años, ¿hay algún papel que te hubiese encantado hacer pero nunca te lo ofrecieron? - Siempre interpreté personajes que me gustaron. No me faltó nada. Lo que me parece es que ahora en la televisión no hay espacio para la gente mayor. Soy una persona activa, un enamorado de esta profesión. Sin embargo, son pocos los lugares donde uno puede seguir trabajando.
Juan Carlos Blumberg es un padre que, movido por el dolor del asesinato de su único hijo, asumió un papel activo en la agenda política argentina durante una época donde los secuestros express y la inseguridad fueron moneda corriente.
Axel, de 23 años y estudiante de ingeniería, fue secuestrado y asesinado en Buenos Aires en marzo de 2004. Desde ese momento, su padre creó la “Fundación Axel Blumberg ‘por la vida de nuestros hijos’” de la que es el presidente y desde la que, con movilizaciones que contaron con el apoyo de gran parte de la sociedad, sobre todo la clase media-alta, logró que se aprobaran de leyes penales más estrictas.
Sin embargo, con el tiempo, su popularidad bajó a causa del excesivo perfil derechista de sus propuestas para combatir la inseguridad, y la desconfianza de la gente por presentarse como ‘ingeniero’ cuando en realidad no lo es.
En una entrevista en su Fundación expresó que, después de la muerte de Axel, se reordenó su escala de valores, que su rol como padre le quedó como una cuenta pendiente, que no cree en la justicia pero sí en la religión, y que 'mano dura' es la único que se necesita para reformar a los delincuentes a quienes, además, considera enfermos.
¿Para qué creó la Fundación?
Lo sentí. Cuando volví a casa después de reconocer el cuerpo de mi hijo en la morgue, vi a todos sus amigos llorando y pensé que tenía que hacer algo para luchar por ellos. Como el caso de Axel fue muy importante, me pude entrevistar con el ex Presidente Néstor Kirchner, y ahí empecé con los proyectos penales y las marchas al Congreso a las que fueron más de 350 mil personas a apoyarnos. Fue increíble.
También el Papa, Juan Pablo II, lo recibió en el Vaticano, ¿Se cuestionó por qué le pasó a Axel?
Creo en Dios y en la Iglesia pero esto fue una desgracia que a cualquiera le podría haber pasado. Es circunstancial. El Señor me puso en esta situación para que yo trabaje para que a nadie más le pase lo que le pasó a Axel. Por eso la Fundación y mi rol en la política contra la inseguridad.
¿Qué estrategia plantearía como posible solución contra la inseguridad?
Una propuesta integral tanto política y judicial como social. Es indispensable que la justicia actúe porque en este país se encierra menos del uno por ciento de los delincuentes. Hay que copiar las penas y los modelos de Código Penal de Estados Unidos, Alemania, Suiza, o Canadá.
¿Pero esos modelos no se alejan mucho a la realidad argentina?
Para nada. Chile, que está del otro lado de la Cordillera y no es muy distinto a la Argentina, promulgó en 2005 la Ley Penal Juvenil que bajó la edad de imputabilidad penal a los 14 años. Otro ejemplo es Japón donde hay pena de muerte para quien secuestre y mate. Y se trata de países civilizados...
Gandhi dijo: ‘Ojo por ojo, el mundo acabará ciego’.
Pero no por eso vamos a permitir que los jóvenes asesinos queden libres o sean entregados a sus padres. Es ridículo, una locura. No hay duda que hay que bajar la edad de imputabilidad. En la banda que mató a Axel había cuatro menores que ahora están en institutos de detención.
¿Tuvo contacto con ellos? ¿Alguno de los secuestradores se disculpó?
¡Qué van a pedir perdón! Tuvieron la última palabra en el juicio y no dijeronnada. Son delincuentes, gente podrida, animales. Ellos eran sanguinarios. A mi hijo le metían la pistola en la boca, giraban el tambor y gatillaban…
A ese tipo no se arregla más. Las personas que dañan a la sociedad tienen que estar separada el mayor tiempo posible.
¿No suena contradictorio su planteo de que cuanto mayor sea el tiempo que pase en la cárcel mejor será la reinserción posterior?
Hay personas que tienen al delito en su estructura biológica. Por ejemplo, dos hermanos que se crían en la misma casa y con los mismos padres, uno es normal y el otro es un asesino. Entonces, el individuo tiene genes que no lo dejaron socializarse.
¿Está explicando que el delincuente ya está predispuesto como tal desde la genética?
Por supuesto. Es una forma de ser. Hay gente que es terrible. Claro que yo igual creo que habría que darles una posibilidad y tratar de enseñarles. Pero acá se hace todo al revés. En la provincia de Buenos Aires hay más 600 mil jóvenes que no trabajan ni estudian, son los que están en la esquina, fumando paco y tomando cerveza. A esta juventud que no hace nada hay que cambiarle los hábitos.
Creo en la resocialización. En la Fundación trabajamos mucho para mejorar la situación dentro de las cárceles, por ejemplo, para que los presos aprendan un oficio. Es más, hasta cobraban un sueldo.
¿A qué se refiere específicamente con ‘resolcializar’?
Para cambiarles sus malos hábitos hay que forzarlos. Pero, como el servicio militar de antes no está mas, tienen que asistir a uno social obligatorio donde vivan en cuarteles, se levanten temprano, se bañen, hagan deportes y también aprendan en talleres y oficios. Además habría que hacerles un test de conocimiento y ver para qué sirve cada uno.
La situación que le tocó vivir hizo que se movilizara y asumiera una postura política definida, muy fuerte y que representa bastante a la clase media-alta de la sociedad. ¿Qué otro cambio personal tuvo?
La muerte de un hijo es lo más duro que puede sufrir un ser humano. Me cambió la manera de pensar. Se me reordenaron los valores. Me di cuenta que había cosas, como lo material o el trabajo, que antes consideraba importantes y ahora las veo como pavadas. Yo no le dediqué el tiempo que él se merecía porque lo perdí viajando…
Se lo ve orgulloso a la hora de hablar de su hijo. ¿Cree que hay algo que le haya quedado pendiente con él?
¿Orgulloso? ¡No! Qué voy a estar contento… Yo, como padre, fracasé. No lo pude salvar. Si hubiera hecho las cosas de otra manera, si le hubiera avisado a los medios o hubiera tenido una estrategia, ahora Axel estaría acá conmigo.
El ganador del Premio Clarín de Novela 2009, el escritor Federico Jeanmaire, habla de sus libros y de sus costumbres a la hora de escribir. Además, asegura que el momento que vive ahora se parece mucho a lo que siempre soñó.
Por María Eugenia Belich
Gentileza Clarín
Federico Jeanmaire escribe en “el lugar más cómo de la casa” , un rincón donde yace un antiguo escritorio parecido al que tenía su abuelo y una silla hamaca que con su balanceo atrae las ideas cuando estas quieren alejarse de su mente. En las paredes de ese pequeño oasis que inspira al escritor, además de numerosos estantes que contienen a sus libros más queridos, reposan algunas fotos especiales para él, como las de su hijo o la de la mujer que más quiso en el mundo, aquella tía paterna que una lejana tarde en Madrid le dijo que se dedicara a otra cosa, que la escritura no era lo suyo, que eso se lo dejara a otros.
“En ningún momento me largué a llorar, o se me pasó por la cabeza hacerle caso y no escribir. Todo lo contrario, el día que me dijo eso salí de verla convencido de que iba a ser escritor”, recuerda el autor argentino, de 52 años, que cuenta con 16 libros publicados, entre los que se encuentra Más liviano que el aire, la obra que ganó el Premio Clarín de Novela 2009 y que se encuentra entre los títulos nacionales más vendidos en lo que va del año.
Durante su estadía en España, para poder subsistir Jeanmaire tocó la guitarra en los subtes, vendió artesanías y hasta llegó a tener una lechería con un amigo argentino. “Siempre tuve como objetivo trabajar lo menos posible para mantenerme y tender hacia el momento que vivo ahora, que se parece mucho a lo que siempre soñé”, explica el escritor que, desde hace unos años, se dedica pura y exclusivamente a lo que más ama en la tierra: escribir novelas.
Para Jeanmaire, la novelística es una escritura que, a diferencia del cuento, tiene que ver mucho más con el desarrollo de los personajes que con las ideas. “El cuento se hace primero en la cabeza y después se escribe, y eso es algo que nunca me pasó. En mi caso, el placer de escribir está puesto en que nunca sé lo que va a pasar y eso es lo que me divierte y lo que hace que la pase tan bien trabajando”, agrega.
Su obra puede dividirse en distintos grupos que siempre cuentan con una serie de tres novelas, las que responden a un mismo tema específico: “Tengo una colección que intenta dar respuestas a algunas cosas que nunca comprendí del todo de la cultura argentina, otra sobre los libros que quiero, después una que es autobiográfica, y ahora, con Más liviano que el aire, inicio una serie que tiene que ver con meterme de lleno en la realidad”.
-¿Por qué elige escribir de esa manera?
-Porque odio repetirme y no quiero hacer toda una obra parecida. Aunque el estilo se identifique en todos mis libros, me gusta ponerme en riesgo en cuanto a la búsqueda, la temática y el enfoque. Está bueno arriesgarse, no quedarse sentado en lo que ya conseguiste y salir en busca de algo que te complique por alguna razón.
-¿Cuándo llegan esas complicaciones?
-Casi siempre cuando cambia la serie tengo una crisis bastante fuerte, porque me meto a pensar hacia dónde quiero seguir. En esos momentos llegan a pasar un montón de meses en los que no puedo escribir, pero cuando estoy en medio de una serie no tengo ninguna complicación. Si sé lo que quiero hacer, nunca me falta material para escribir, porque si bien mi escritura es bastante meditada, es muy espontánea en cuanto al hacerse.
Este hombre de voz baja y mirada transparente es considerado uno de los autores argentinos más particulares de los últimos tiempos. “Cuando se habla de singularidad en lo que yo hago seguramente se está hablando de originalidad y estilo, porque estamos en un tiempo en el que se tiende a contar historias de manera correcta, que todos puedan leer, y la originalidad dejó de ser un valor”, argumenta el novelista.
No obstante, Jeanmaire quiere dejar en claro que esta singularidad que lo caracteriza no es invento suyo. “Todas mis formas literarias son apropiaciones de un montón de escritores, casi todos en lengua española, como [Domingo Faustino] Sarmiento, [Antonio] Di Benedetto y [Julio] Cortázar. A mí me gusta decir que trabajo con muchos amigos al lado, que son los que posibilitan eso que estoy haciendo”, indica el autor.
Jeanmaire ha recibido numerosas e importantes distinciones a lo largo de su vida, pero el Premio Clarín de Novelas es, hasta el momento, el más popular de todos. Sin embargo, asegura seguir siendo el mismo que hace dos años atrás, aunque ahora ocupe otro lugar en las librerías, un poco más cerquita de sus amigos, los mismos que lo acompañan cuando escribe sus novelas.
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Por Marina Morales. Al sur del sur, la Antártida seduce a los científicos que trabajan allí. Rudy del Valle participó en más de 60 campañas y cuenta sus experiencias en el continente blanco.
Rodolfo del Valle es doctor en Geología y es el Coordinador del Departamento de Ciencias de la Tierra en el Instituto Antártico Argentino. La vida en campaña fue su vida durante 35 años y realizó más de 60 misiones científicas. Del Valle viajó a la Antártida por primera vez siendo estudiante de geología cuando un jefe de cátedra lo invitó a una expedición a la isla Livingston. Tiempo después, el jefe de personal de la Dirección Nacional del Antártico le informó
Foto de: http://tourismvirtual.blogspot.com
que habían aceptado su nombramiento y tenía que retirar un cheque por dos meses de trabajo. Así empezó a trabajar en la Antártida. Hacía investigaciones científicas viajando en carpa, buscando evidencias de cómo se desplazó y contra qué chocaba el continente, cómo se formaron las montañas, qué influencia tiene el calentamiento climático en los escapes de metano en el fondo de los mares alrededor de la Isla Marambio. Las crudas condiciones climáticas en las bases de la Antártida hacen que sólo unos pocos puedan trabajar allí, incluso los argentinos que lo hacen reciben un suplemento de alto riesgo, es decir, se reconoce que la estadía en el Polo Sur supone vivir situaciones de peligro.
-¿Cuál es el enemigo en la Antártida? Yo tengo experiencia más bien de campamento, pero también fui jefe de la base Jubany que es una base científica. El enemigo de una base es el fuego, es muy difícil de controlar por el viento que funciona como soplete. El enemigo en el campamento es el viento, que mueve las carpas, no te deja dormir de noche, puede alcanzar más de 200 kilómetros por hora, te lleva, te mete nieve en los pulmones, hace destrozos. En el campo la calma es algo más de 20 kilómetros por hora, no te deja anotar, se te vuelan las hojas. El problema de la Antártida no es el frío, es el viento, uno se abriga y va bien. A veces cuando uno va en bote no te deja volver, casualmente a la ida está todo lindo, pero a la vuelta siempre tenés viento en contra. Te mojás todo, vivís con miedo, no sabés si vas a llegar o no.
-Con el cambio climático, ¿puede llegar a pasar algo similar a “El día después de mañana”? Ya ocurrió, con la ruptura de la barrera de Larsen A en 1995. Al día siguiente, sobrevolé en helicóptero la zona donde estaba la barrera y lloré. La barrera nos parecía eterna, circulábamos por ahí arriba con las motos, los trineos de nieve. En el medio de la barrera, no veías nada más que blanco. Cuando llegué con un buque de Greenpeace hasta donde solía estar la barrera, vi que ahí por donde nosotros habíamos andado con las motos ahora navegábamos por un océano ya formado: había focas y ballenas que comían cril.
-¿Cómo es el trabajo en la Antártida? En la Antártida el respeto es a la naturaleza que a veces es despiadada. El trabajo es interesante, porque no se puede llevar la montaña al laboratorio, hay que ir a la montaña. La Antártida es un laboratorio natural espectacular, está todo ahí. Es muy fácil hallar algo nuevo para investigar, hay muchísimo que no está explorado. Lo más extraño de todo es que yo viví sobre la Barrera de Larsen A que ya no existe y nadie más va a poder vivir en ese lugar.
-¿Qué recaudos hay que tomar antes de salir en una misión? Hay que tener muchas precauciones. Nunca sale uno sólo, siempre se va en dos vehículos iguales, así por donde pasa uno pasa el otro, si hay un bote en el agua el otro tiene que estar en el agua. Todo es así, siempre todo duplicado, dos radios, dos teléfonos satelitales, dos GPSs. Hay que llevar una cantidad infernal de cosas. Cuando te confiaste ahí pasan los accidentes. Es difícil lidiar con piqueta, soga, grampones, la moto, el combustible para la moto y encima hacer el trabajo. Cuando las motos no habían llegado y todavía se usaban los trineos, me ponía muy triste al regresar a la Antártida y encontrarme con que había muerto alguno de los perros.
-¿De dónde sacan el agua para tomar o para cocinar? En invierno es más fácil conseguir agua que en verano, porque en invierno pescas un témpano o cortas un poco de hielo lo descongelas y listo, pero en verano hay zonas en las que, a causa del efecto invernadero, no hay hielo como en la Base Marambio. También mandaban agua en botellas de plástico que se dilatan y no re rompen. Allá en invierno pasan meses en que no se bañan.
-Con un clima tan frío, ¿es común enfermarse? Uno no se enferma porque no hay virus, salvo que se lleve desde el continente. En la base están muy aislados. Si llega un barco de turistas seguro que al otro día están todos resfriados. Puede haber traumatismos o congelamientos. A mí una vez se me congeló la pierna izquierda y cuando la quise mover se me partió el tendón de la rótula.
El actor Juan Pablo Geretto personaliza la relación entre madres e hijos en “Como quien oye llover”. Su primer unipersonal, “Solo como una perra”, superó las 900 funciones en varias ciudades el país. Geretto, oriundo de Gálvez, un pueblo de Santa Fe, presentó por quinta temporada “Como quien oye llover”, un monólogo de su autoría en el teatro El Cubo, ubicado en el Abasto. Los personajes femeninos signaron su carrera como actor. En televisión durante el 2003 se sumó al staff de El show de Videomatch en Telefé, con su personaje La Maestra. En el 2005 participó del programa Circo Criollo, conducido por Nicolás Repetto en Canal 9 con Ana que forma parte de “Como quien oye llover”. En 2006 y 2007 estuvo en Mañanas Informales otra vez como La Maestra. Al respecto de este medio dijo: “Hay de todo en la televisión, es un instrumento más”, y agregó: “Si la tele hubiera tenido brazos, todavía estaríamos abrazados. Fue como una madre para mí –rió- pobre mi vieja”.
¿Te gustaría volver a trabajar en televisión? No es que me gustaría, pero si es necesario y si se da la oportunidad, lo haría,. Sin emabargo, en la actualidad, no hay mucho lugar en la televisión para el humor a pesar de que está en todos los lugares, no específicamente. Hay otros medios bastante interesantes para laburar.
¿En cine? Me fascinaría. Las pocas veces que lo hice me sentí muy cómodo, como en el teatro.
Estabas trabajando en una obra acerca de la soledad de la gente en la sociedad, ¿en qué quedó eso? Estamos en proyecto todavía, tratando de escribir, de leer mucho, de rescatar cosas de libros, más que nada ideas, no tanto textos. El concepto básico de soledad, de desamparo, o de orfandad, son cosas que pueden estar en muchísimos lugares porque son sentimientos humanos desde que el hombre existe como tal. Hay algunos libros que tienen una visión más moderna de eso y otros que lo cuentan desde algún pasado. Pero básicamente el sentimiento que nos mueve es el mismo. No la tengo clara todavía, así que puede ser que terminemos hablando de otra cosa. Los procesos creativos son así.
¿Por qué todos tus personajes son mujeres? Las mujeres fueron el lugar más cercano de mi infancia por esta condición de barrio de hombres fantasmas. Creo que las mujeres son las dueñas de la palabra y su transmisión, enseñan a vincularte, a formar oraciones, ellas son las responsables. Los hombres tienen otras responsabilidades. Toda la comunicación, el vínculo, la fundación tiene más que ver con lo femenino, no sé si con las mujeres.
Arriba del escenario, en “Como quien oye llover” representás el amor entre las madres y los hijos. Abajo del escenario ¿cómo vivís el amor? Trato de estar bastante presente en el amor, de que no me pase el amor desapercibido, de ponerle amor a todas las cuestiones en la vida, hasta en el trámite más complicado. Tratar de poner todo el amor hacia el otro ser humano que está ahí. A veces me falla horrores, y a veces lo logro, pero no dejo de tener ese objetivo. Creo que el amor salva al mundo, lo creo tremendamente. Yo por lo menos en mi pequeño planeta de que haya mucho amor y que esté bien presente.
¿Quiénes lo incluyen? Mis amigos fundamentalmente. Mi familia, que está lejos en el pueblo, son una presencia necesaria y agradable en mi vida. En Buenos Aires no tengo familia. Para los que vivimos fuera del lugar de nacimiento durante muchos años, los amigos y la pareja se han vuelto la familia de elección.
¿Te gustaría volver a vivir en Gálvez, extrañás esa vida? No, no soy de extrañar esas cosas, ni de aferrarme a nada, pero sí es un lugar donde vuelvo constantemente de otra manera. Creo que los pueblos son lugares maravillosos para crecer y para morir, pero no para la vida adulta y más activa. Fantaseo con la posibilidad de algún día volver al pueblo o a un pueblo, a lo mejor ni siquiera al mío.
¿Tenés algún recuerdo de tu infancia que sea el mejor o el más importante? No siempre el mejor tiene que ver con el más importante. No asocio mi infancia a un solo momento. Sí con la idea de espacio que había que está muy internalizado en mí. No puedo vivir en lugares chicos o en departamentos que me sienta encerrado. Necesito una especialidad diferente, eso fue parte de mi estructura de infancia. La casa era para comer, para dormir, y el resto estabas en la calle, afuera y eras dueño de esos lugares. Hoy por hoy disfruto mucho mi casa y la calle también, pero ya no somos tan dueños de la calle como antes, y menos en las ciudades grandes. Es el recuerdo más importante.
¿Extrañarías vivir en Buenos Aires? No. Extrañaría vivir muy lejos de Buenos Aires, pero no por la ciudad en sí, sino por las cuestiones que puede llegar a ofrecer. Siempre me gustaría vivir cerca de un cine, de la película que se estrena que tengo ganas de ver y no tener que esperar como en el interior dos meses. Soy bastante ansioso con esas cosas. Me gustaría vivir cerca de lugares donde se coma bien, se consigan las cosas para cocinar. Parece una tontería pero que en el interior no llegan las cosas como a Buenos Aires. Sólo por eso la extrañaría, pero podría vivir perfectamente en otro lugar.
¿Pensás que tu estadía en Buenos Aires se va a terminar en algún momento? Las ciudades tan inmensas, como Buenos Aires, tienen un ritmo que la gente grande no sé si puede tener. Yo no me veo viviendo acá muchísimos años más. Pero Dios dirá, no lo sé. Ojalá pueda irme a vivir a un lugar donde estemos más tranquilos. Las ciudades tienen un ritmo más juvenil. Me veo viviendo en otros lados.
¿Siempre trabajando de lo mismo? No. Creo que voy a tener otra profesión en mi vida, pero no sé cuál.
Presentaste “Como quien oye llover” en México. ¿Las giras te permiten llevar unavida personal? Sí, aparte yo le doy mucho lugar a mi vida personal, la tengo bastante separada del teatro por momentos, bastante junta por otros. Siempre que viajamos a algún lado con la obra, yo tengo mucho más placer en viajar que en hacer la obra. Si trabajar es el medio que me permite viajar, bienvenido sea hacer una obra, salgo ganando. Nunca voy pocos días. Si me contratan para hacer la obra en otro país, armo el viaje para quedarme más. Sí tenemos los horarios cambiados, mis fines de semana son lunes, martes, y eso se complica un poco, pero no soy el único, los que trabajan en los cines o en los shoppings también, y tienen una vida mucho más sacrificada y seguramente un sueldo más magro. La verdad es que soy un afortunado.
¿Hay algún país que te gustaría llevar la obra? Me gustaría recorrer Latinoamérica, de hecho está en proyecto. Lugares que me gustaría viajar a mí, absolutamente todos los rincones del planeta. No hay uno que no me gustaría estar. Si es un viaje, y no es irme a vivir, quiero ir a todos lados.