miércoles, 7 de julio de 2010
El clásico del fin del mundo.
No es Boca River .Ni el súper clásico del fútbol español Real Madrid-Barcelona. Es el clásico del fin mundo, aquí en el sur que también existe, y que enfrenta a Juventud Unida y el Deportivo Muñiz.
El clásico más pobre del fútbol argentino, el que menos gente convoca y al margen de grandes coberturas periodísticas. ¿La otra pasión? nada de eso, es exactamente la misma.
Jeremías sale del trabajo apurado para llegar a tiempo al partido, hoy es el clásico y no quiere llegar tarde al estadio. Juan Cruz que ya llegó a la cancha, despliega su bandera y la cuelga en el alambrado, parece nervioso, hoy no es un partido más para el equipo de sus amores, hoy es el clásico. Suena el redoblante, no hay vuvuzelas, a grito pelado las hinchadas se desafían. Solo faltan diez minutos para empezar. Suena de un lado “que hoy tenemos que ganar” y la respuesta es que “somos locales otra vez”.Los equipos salen a la cancha, la furia contenida explota: banderas de un lado al otro que se pelean con el viento, bombas de estruendo, un profundo olor a porro, tanto como el deseo de ganar.
Comienza el partido.
Los dos equipos son de San Miguel, Provincia de Buenos Aires y juegan en la última categoría del fútbol argentino que es la Primera D. No se puede caer más bajo de la “D” y el último equipo de la tabla queda desafiliado, es decir que no puede jugar por un año y los miembros del plantel quedan desligados del club para jugar en donde quieran o mejor dicho en donde puedan, debido a sus pocas habilidades futbolísticas. “Desafiliar es lo peor, es un dolor muy grande, porque yo a Muñiz lo quiero de verdad” dice Juan Cruz, que no quiere recordar que su club no jugó hace dos años porque estuvo desafiliado. El “Rayo Rojo”, como le dicen a Muñiz, sufrió cuatro desafiliaciones por quedar último. La alegrías del Rayo tienen un costado trágico, por ejemplo en la temporada 2006-2007 le ganaron 5 a 1 a su rival geográfico, histórico Juventud Unida. Pero a pesar de la tremenda goleada estaban a un paso del descenso-desafiliación, y no pudieron escapar.
Desde la otra orilla Jeremías ríe por el mal pasar de Muñiz y recuerda lo que cantaban los pibes del boske, los hinchas de Juventud a su rival de siempre: “Solidaridad para el rayo que se va/ Solidaridad para el rayo que se va/ eso es un equipo/eso es una hinchada a desafiliar”. Jere es socio de Juventud desde los 6 años y su abuelo Obdulio fue Vicepresidente del club. Si bien ya no se amarga tanto como antes por los resultados, recuerda con nostalgia uno de los ascensos en la temporada 1997-1998 en que el Lobo logro el bicampeonato y el ascenso directo a la Primera C. Juventud ostenta el orgullo de ser el primer bicampeón del ascenso argentino. Nadie olvida ese equipo, como así también que luego de ascender se desarmó el plantel, al otro año descendieron de nuevo a la “D” y desde entonces Juventud no tuvo logros importantes, más que permanecer en la categoría y oscilar en cada campeonato en la mitad de tabla.
Juventud y Muñiz pertenecen a un submundo futbolístico, más cercano al potrero de barrio que al profesionalismo: Ningún jugador cobra un sueldo, solo puede haber algún viático o una gratificación por partido ganado. Juegan literalmente por la camiseta.
La misma pasión
Los propios jugadores compran sus botines y muchas veces el club hace que cada jugador lave su camiseta y de esa forma abaratar costos. No hay transferencias millonarias, ni de miles, puede haber de cientos. Dentro de un plantel de la “D” se pueden encontrar los más diversos oficios: albañiles, fotógrafos, administrativos, abogados, profesores de educación física, vendedores ambulantes. Nadie vive del fútbol, pero los jugadores concuerdan “No podemos vivir sin el fútbol”.
En Eclipse de Mar de Joaquín Sabina dice “Hoy amor, como siempre, el diario no hablaba de ti, ni de mí”.Quién recordará el clásico del fin de mundo que es pobre, de camisetas sin marca, botines usados, cancha de tierra, mucho corazón y ganas. Quién analizará Juventud-Muñiz en un interminable debate. Ellos, solo ellos que se suben al alambrado y cuelgan una bandera que lo resume todo: “Ni River ni Boca: Juventud Unida”.
Comparaciones odiosas
RIVER-BOCA
60.000 Espectadores
Jugador mejor pago Juan Román Riquelme 3 millones de dólares por año.
El diario británico The Sun dice “Es la experiencia deportiva más intensa del mundo”.
Juventud Unida-Muñiz
500 Espectadores
No se les paga.
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martes, 22 de junio de 2010
Bajo un manto de neblinas:Los medios durante la guerra de malvinas.

Por Patricio Carlomagno
El 14 de junio pasado se cumplieron 28 años de la rendición argentina en la guerra de Malvinas. El periodismo no pudo o no quiso escapar del sentimiento triunfalista. Cuando la derrota argentina fue un hecho los medios, callaron y con ellos toda la sociedad.
Desde las tapas de los principales diarios los titulares arengaban a la euforia ciudadana por la posible recuperación de las islas ocupadas por Inglaterra desde 1833. El día del desembarco, 2 de abril de 1982, Clarín titulaba:
“Euforia popular por la recuperación de Malvinas”. La Nación se sumaba con: “Alborozo ciudadano por la reconquista de Malvinas”. Crónica decía "Argentinazo: ¡Las Malvinas recuperadas!" y en Córdoba, La Voz del Interior ponía de titulo:"Argentina reconquista las islas Malvinas".
Adolfo Pérez Esquivel en la revista Humor, en julio de 1982, afirmaba que “Hubo gran desinformación y manipuleo de la emotividad del pueblo”.
Sólo tres periodistas argentinos fueron a cubrir la guerra: uno de canal 7 (Nicolás Kasanzew) y dos de la agencia estatal TELAM (Diego Pérez Andrade y Carlos García Malod), mientras tanto el triunfalismo era también trasmitido por revistas como Gente y Somos.
Gente dejó en la retina de muchos argentinos tapas como la del 6 de mayo de 1982 que decía "Estamos Ganando” y la del 27 de mayo que insistía "Seguimos ganando”.
En la televisión los periodistas Mariano Grondona y Bernardo Neustadt afirmaban por ejemplo que si fueran soldados estarían muy tranquilos por la serenidad de sus jefes o que les había encantado el discurso del Presidente de facto Leopoldo Galtieri que dijo desde el balcón “Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”.
Para Rodrigo Lloret, de la sección internacional, del diario Perfil “La actuación de los medios fue por lo menos patética. En realidad es normal que en los momentos de guerra pase eso, pero como periodista tengo que repudiarlo”. Fueron 74 días de ficción periodística desde el 2 de abril de 1982 al 14 de junio del mismo año, en los cuales solo se realizaron notas de color y nunca se habló de los muertos en enfrentamientos, en las condiciones de los soldados o de las estrategias militares frente a una potencia mundial. Cuando se admitió la derrota, fue por lo menos sorpresivo, porque se pensaba que estábamos ganando.
La argentina poco a poco se fue “desmalvinizando”, un término que utilizó el politólogo francés Alain Rouquie cuando le dijo a Osvaldo Soriano en una entrevista: “Quienes no quieren que los militares vuelvan al poder tienen que dedicarse a desmalvinizar la vida argentina”, pero ese proceso incluyó injusticias como el no reconocer a los héroes veteranos de Malvinas y dejarlos en el olvido, y consigo la deuda pendiente en debatir sus causas y consecuencias.La derrota en la guerra significó el último golpe para una dictadura que venía siendo abrumada por la inflación, el desempleo y el descontento popular, pronto llegaríamos a la democracia con Raúl Alfonsín.En la guerra murieron 649 argentinos y como siempre en una guerra, también fue víctima la verdad.